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México reprueba en PISA 2025: rezago educativo profundo

Casi la mitad de los alumnos mexicanos de 15 años no alcanza el nivel básico en matemáticas, lectura y ciencias, según la OCDE.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer los resultados de la prueba PISA 2025 y el panorama para México no es alentador: más de cuatro de cada diez jóvenes de 15 años evaluados —41.8 por ciento— se quedaron por debajo del umbral mínimo de competencia en las tres áreas centrales del examen: matemáticas, lectura y ciencias. La cifra duplica con creces el promedio registrado entre los países miembros de la organización, que se ubicó en 19.7 por ciento.

Un examen que mide capacidades para la vida real

PISA no evalúa memorización de contenidos escolares, sino la capacidad de los adolescentes para aplicar lo aprendido a situaciones cotidianas: interpretar un recibo, comprender un texto informativo o resolver un problema con datos reales. Por eso sus resultados se han convertido, edición tras edición, en un termómetro incómodo pero revelador del estado de la educación en cada país.

En esta ronda participaron más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías, una muestra que representa a cerca de 33 millones de jóvenes de 15 años en el mundo. En México fueron evaluados 7 mil 843 alumnos de 297 planteles, una muestra que equivale a aproximadamente 1.58 millones de adolescentes de esa edad, alrededor del 69 por ciento de la población nacional en ese rango etario.

Los números que preocupan

El golpe más duro llegó en matemáticas. México obtuvo 388 puntos, siete menos que en la edición de 2022 y 75 puntos por debajo del promedio de la OCDE, fijado en 463. Solo tres de cada diez estudiantes mexicanos lograron ubicarse en el nivel básico o superior en esta materia, frente a un 65 por ciento en el conjunto de la organización. Dicho de otra forma: siete de cada diez jóvenes mexicanos no dominan las operaciones matemáticas mínimas esperadas para su edad.

En lectura el resultado tampoco fue favorable: 408 puntos, también siete unidades menos que en 2022, contra un promedio internacional de 461. La mitad de los estudiantes alcanzó el nivel básico o uno superior, mientras que en la OCDE esa proporción llega al 69 por ciento.

En ciencias, área que tuvo un peso especial en esta edición, México sumó 414 puntos frente a los 482 del promedio de la organización. Cerca de la mitad de los alumnos se quedó apenas en el nivel más elemental de la escala, cuando entre los países de la OCDE esa cifra sube a 74 por ciento.

La prueba incorporó además, por primera vez con este peso, un módulo de resolución de problemas computacionales, en el que los estudiantes mexicanos obtuvieron 453 puntos frente a los 500 del promedio internacional.

Brechas dentro del propio país

Los resultados desagregados muestran diferencias notables entre grupos. Por sexo, los hombres superaron a las mujeres en matemáticas (396 frente a 380 puntos) y en ciencias (420 frente a 407), mientras que en lectura la tendencia se invirtió: las mujeres sumaron 414 puntos frente a 402 de los hombres.

También persiste una brecha socioeconómica considerable: los estudiantes con mayores ventajas económicas y sociales superaron en 68 puntos, en el área de ciencias, a quienes provienen de contextos menos favorecidos. Se trata de una diferencia equivalente a casi dos años de escolaridad, de acuerdo con los parámetros que utiliza la propia OCDE para interpretar la escala de puntajes.

Una caída que se acumula con los años

El deterioro no es un fenómeno aislado de esta edición. La OCDE documentó que, en comparación con 2015, la proporción de estudiantes mexicanos con bajo rendimiento creció 13 puntos porcentuales en matemáticas y ocho puntos en lectura; en ciencias no se registraron cambios relevantes en ese periodo. Los puntajes actuales en matemáticas y lectura se ubican, de hecho, por debajo de los que México había obtenido entre 2009 y 2018, aunque no representan el mínimo histórico: en 2003 el país había registrado 385 puntos en matemáticas, cifra apenas inferior a la de 2025.

Un fenómeno que no es exclusivo de México

La organización subrayó que el retroceso educativo no es un problema únicamente mexicano. A nivel global, PISA 2025 arrojó los promedios más bajos registrados hasta ahora en ciencias, lectura y matemáticas entre el conjunto de países participantes. En lectura, por ejemplo, el promedio internacional cayó 28 puntos respecto a mediciones anteriores, un desplome incluso mayor al observado en México. Entre 2022 y 2025, además, la brecha entre el diez por ciento de estudiantes con mejor desempeño y el diez por ciento con peor desempeño no varió de forma significativa en matemáticas ni en ciencias a nivel mundial, aunque sí se redujo en lectura.

Preocupación de organizaciones civiles

Ante la publicación de los resultados, organizaciones de la sociedad civil exigieron respuestas concretas a las autoridades educativas. La Unión Nacional de Padres de Familia, encabezada por Israel Sánchez Martínez, pidió que el gobierno traduzca el diagnóstico en acciones y no solo en pronunciamientos, al considerar que la calidad educativa es un derecho de la infancia y una obligación indelegable del Estado. Desde la organización se advirtió que las cifras de PISA no deben leerse únicamente como una posición en una tabla comparativa, sino como evidencia de que millones de niñas, niños y adolescentes carecen de las herramientas básicas para interpretar información, comprender lo que leen y resolver problemas de su vida diaria.

La propia OCDE fue enfática al señalar que, sin esas competencias fundamentales, los jóvenes enfrentan mayores obstáculos para continuar sus estudios, acceder a empleos bien remunerados y participar plenamente en la vida social y económica del país.

Lo que viene

Con estos resultados sobre la mesa, el reto para las autoridades educativas mexicanas será doble: revertir la tendencia a la baja en matemáticas —el área con el mayor deterioro en esta edición— y atender simultáneamente las brechas de género y socioeconómicas que la propia prueba deja al descubierto. La próxima edición de PISA, prevista para dentro de tres años, será la siguiente oportunidad para medir si las políticas que se implementen a partir de ahora logran revertir un rezago que, edición tras edición, se mantiene como una de las señales más claras de las tareas pendientes del sistema educativo nacional.

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