Controversia internacional por el renombramiento del Golfo de México
Trump decreta el cambio a «Golfo de América», mientras Sheinbaum reafirma que el mundo reconoce su denominación histórica como Golfo de México.
Una decisión que ha generado reacciones diversas en el ámbito internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un decreto que ordena renombrar el Golfo de México como «Golfo de América». La medida, oficializada a través del Departamento del Interior, fue presentada como un reconocimiento a la «contribución perdurable» del golfo a la economía y vitalidad de Estados Unidos.
Durante un discurso en Las Vegas, Nevada, Trump aseguró que «las autoridades mexicanas estaban encantadas» con la decisión. “Estamos renombrando el Golfo de México como Golfo de América, ¿y saben qué? México estaba encantado cuando se enteró. Dijeron: ‘Esto es genial’”, declaró ante una multitud.
El decreto presidencial, emitido tras su toma de posesión como el 47.º presidente de Estados Unidos, establece que «siguiendo las instrucciones del presidente, el Golfo de México pasará a llamarse oficialmente Golfo de América». Un documento del Departamento del Interior argumenta que el cambio busca reafirmar la importancia de la bahía en la fortaleza económica de la nación.
Sin embargo, la respuesta desde México no tardó en llegar. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, desestimó el impacto de la medida en su país y destacó que «para nosotros y para el mundo entero sigue siendo Golfo de México». Además, subrayó que el decreto sólo aplica a la plataforma continental estadounidense y recordó que el golfo está reconocido como tal por organismos internacionales, incluida la ONU. En tono irónico, Sheinbaum sugirió: «¿Por qué no le llamamos ‘América mexicana’? Se oye bonito, ¿no?».
El Golfo de México, conocido por su historia como punto estratégico y comercial, permaneció sin un nombre oficial hasta la década de 1540. Inicialmente considerado parte del océano Atlántico, se le llamó en varios documentos históricos «Seno Mexicano» o «Golfo de Nueva España». Exploradores españoles como Juan de Grijalva y Hernán Cortés consolidaron la presencia de España en la región, lo que dio pie a su denominación actual en mapas como los de Ortelius (1584) y De Bry (1591).
Aunque el decreto estadounidense tiene efectos prácticos en la nomenclatura oficial utilizada dentro de sus fronteras, las implicaciones simbólicas han generado un debate. Expertos señalan que el cambio podría interpretarse como un intento de apropiación histórica y cultural, y advierten sobre el potencial impacto en las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Por el momento, el Golfo de México continúa siendo un símbolo compartido de historia, geografía y economía para las naciones que lo bordean. La discusión en torno a su nombre parece ser un recordatorio de los vínculos —y tensiones— que unen a México y Estados Unidos.